Hace una semana, un cliente nos dijo que apenas entraba nadie en su página porque casi nunca recibía formularios desde ella. Tampoco hacía ningún trabajo de posicionamiento SEO, así que había llegado a una conclusión bastante lógica desde su punto de vista: la web no estaba haciendo gran cosa.
Unos días después preguntó a uno de sus nuevos clientes cómo había conocido la empresa.
Se la habían recomendado, había buscado su nombre en Google, entrado en la página, leído varios servicios y llamado directamente por teléfono.
La web no había enviado ningún formulario ni había aparecido en la conversación. Pero había ayudado a cerrar el trabajo.
Ese es uno de los cometidos de una buena web corporativa. Puede ayudarte a aparecer cuando alguien busca un servicio, pero también acompaña a quien ya ha oído hablar de ti. Le sirve para comprobar quién eres, ver si haces lo que necesita, valorar si merece la pena ponerse en contacto y encontrar correctamente tus datos para contratarte.
Respuesta rápida: una web corporativa es la página oficial de una empresa, pyme o profesional en Internet. Es el lugar donde presenta sus servicios, explica cómo trabaja, muestra su experiencia, facilita el contacto y construye la confianza necesaria para que un posible cliente dé el siguiente paso.
En esta guía vamos más allá de la definición: veremos por qué una web corporativa también es importante para autónomos y pequeñas empresas, qué partes suele necesitar, cómo debe prepararse para crecer y por qué el diseño, los textos, el SEO y la confianza en quien la gestiona forman parte del mismo proyecto.
Qué es una web corporativa
Una web corporativa es el sitio oficial desde el que una empresa presenta su actividad en Internet.
Explica quién está detrás del negocio, qué servicios ofrece, cómo trabaja, qué experiencia tiene y qué debe hacer una persona para ponerse en contacto.
La palabra “corporativa” puede sonar a multinacional, consejo de administración y edificio lleno de despachos. Pero una página web corporativa también puede pertenecer a un electricista autónomo, una clínica, un estudio profesional, una pequeña empresa industrial o un negocio familiar.
No depende del tamaño de la empresa. Depende del papel que desempeña la página.
Si la web representa oficialmente al negocio, explica sus servicios y facilita la relación con clientes, estamos ante una web corporativa.
Puede ser una web de cinco páginas o una estructura amplia con servicios, sectores, proyectos, contenidos y distintas zonas de trabajo. Lo importante no es la cantidad, sino que responda a las necesidades reales de la empresa.
Una web corporativa no es solo una tarjeta de visita
Durante años se ha repetido que la web corporativa es la tarjeta de visita de una empresa en Internet.
La comparación se queda bastante corta.
Una tarjeta muestra un nombre, un teléfono y poco más. Una web puede explicar cada servicio, responder dudas, presentar trabajos, mostrar fotografías, publicar información, recibir solicitudes, aparecer en búsquedas y ayudar a una persona a decidir.
También puede acompañar el proceso comercial sin que siempre quede registrado en las estadísticas.
Un posible cliente puede:
- buscar un servicio y descubrir la empresa;
- recibir una recomendación y comprobar quién está detrás;
- visitar la web después de una llamada;
- revisarla antes de aceptar un presupuesto;
- consultar trabajos realizados o sectores atendidos;
- buscar el teléfono y llamar sin utilizar el formulario;
- volver meses después para solicitar otro servicio.
Por eso, medir el valor de una web únicamente por los formularios recibidos puede ofrecer una imagen incompleta.
La página también puede reforzar una recomendación, resolver una duda o dar el último empujón antes de una contratación.
La web como centro de operaciones digital de una pyme
Para un autónomo o una pequeña empresa, la web corporativa debería ser el centro de operaciones de su presencia en Internet.
Es el espacio donde decide:
- cómo presenta su negocio;
- qué servicios quiere destacar;
- qué tipo de cliente busca;
- cómo explica su forma de trabajar;
- qué experiencia y trabajos muestra;
- qué dudas responde;
- qué datos de contacto publica;
- qué acciones propone al visitante;
- qué contenidos desarrolla con el paso del tiempo.
En una web propia la empresa controla el discurso, el orden de la información y el recorrido que ofrece al usuario.
No tiene que resumir toda su propuesta en una biografía de pocas líneas ni competir en cada pantalla con vídeos, publicidad, notificaciones y publicaciones ajenas.
Las redes sociales son canales, no el centro del negocio
Las redes sociales pueden ser útiles para mostrar trabajos, mantener conversaciones, difundir contenido o acercar personas a la empresa.
Pero funcionan dentro de plataformas que pertenecen a terceros. La empresa no controla por completo su alcance, sus formatos, sus condiciones ni las decisiones que pueda tomar la plataforma en el futuro.
Una cuenta puede perder visibilidad, sufrir un bloqueo o dejar de encajar con la estrategia del negocio.
La web corporativa ocupa otro lugar.
Las redes sociales pueden llamar la atención y acercar personas. La web debe recibirlas, explicar el negocio con calma y convertir esa atención prestada en una relación directa.
Montar toda la presencia de una empresa sobre una red social se parece a instalar la oficina en un local prestado cuyo propietario puede cambiar las normas, esconder el escaparate o cerrar la puerta.
No se trata de elegir entre web o redes. Se trata de utilizar cada herramienta para lo que sabe hacer y no depender por completo de un espacio que no controlas.
La web ayuda a que te encuentren y también a que confíen
Una persona puede llegar a una web corporativa desde Google, un directorio, una campaña, una tarjeta, una red social, un correo o una recomendación.
Cada visitante llega con una pregunta distinta.
Quien todavía no conoce la empresa quiere saber si presta el servicio que busca.
Quien ha recibido una recomendación quiere comprobar si parece seria.
Quien ya ha hablado con el negocio puede revisar la página antes de aceptar una propuesta o convocar una reunión.
La web interviene en todas esas decisiones.
Una mala web también comunica. Puedes realizar una presentación magnífica por teléfono y perder parte de la confianza cuando el posible cliente entra en una página terriblemente diseñada, descuidada, con fotografías de mala calidad, un aspecto improvisado, enlaces rotos o servicios que dejaste de prestar hace cinco años.
Hay empresas excelentes con páginas mediocres, por supuesto. El problema es que su posible cliente todavía no las conoce lo suficiente para separar una cosa de la otra.
Una web abandonada obliga a confiar a pesar de ella, cuando debería ayudar a confiar gracias a ella.
Qué partes suele incluir una web corporativa
No todas las empresas necesitan la misma estructura. Una web debe organizarse alrededor del negocio, no de una lista cerrada que alguien copió de otra página.
Aun así, hay algunas secciones habituales.
Página de inicio
Debe ayudar a entender con rapidez a qué se dedica la empresa, qué ofrece y cuál es el siguiente paso.
No tiene que contar absolutamente todo. Su función es ordenar la propuesta y dirigir hacia las páginas adecuadas.
Página de empresa
Puede explicar quién está detrás, la experiencia acumulada, el equipo, la forma de trabajar o cualquier dato que ayude a generar confianza.
No es obligatorio llenar la página de frases solemnes sobre misión, visión y valores. Una historia real, un equipo identificable y una forma de trabajar bien explicada suelen decir bastante más.
Páginas de servicios
Cada servicio importante necesita espacio suficiente para explicar qué resuelve, para quién está pensado y cómo se presta.
Amontonar todos los servicios en seis líneas dentro de la portada puede ahorrar páginas, pero también dificulta que el cliente y Google entiendan bien la oferta.
Trabajos, proyectos o casos
Cuando el sector lo permite, mostrar experiencia real ayuda a demostrar que la empresa sabe hacer lo que promete.
No siempre hace falta un portfolio espectacular. A veces basta con presentar proyectos, sectores atendidos, situaciones resueltas o fotografías propias bien preparadas.
Página de contacto
Debe ofrecer datos correctos, un formulario que funcione y vías de contacto adecuadas al negocio.
Parece obvio, pero seguimos encontrando webs con teléfonos antiguos, correos que rebotan y formularios que llevan meses sin enviar nada.
Información legal
La web debe contar con los textos legales y mecanismos que correspondan según su actividad, los datos recogidos y las herramientas utilizadas.
No conviene copiar los textos de otra empresa ni confiar en que un plugin resuelva por sí solo todas las obligaciones.
Blog o zona de contenidos
Puede ser útil cuando existe una estrategia y se va a mantener.
No todas las empresas necesitan publicar cada semana. Pero una zona de contenidos bien trabajada puede responder preguntas, demostrar conocimiento y abrir nuevas vías de entrada desde buscadores.
Un blog abandonado desde 2019 tampoco transmite precisamente una actividad desbordante.
Web corporativa, tienda online, landing page y portfolio
Una web corporativa puede incorporar varios tipos de contenido y funciones, pero no todos los sitios web persiguen el mismo objetivo.
| Tipo de web | Función principal |
|---|---|
| Web corporativa | Presentar la empresa, explicar servicios, generar confianza y facilitar el contacto. |
| Tienda online | Mostrar productos y permitir que el usuario compre y pague desde la web. |
| Landing page | Conseguir una acción concreta dentro de una campaña o promoción. |
| Portfolio | Mostrar trabajos, proyectos, experiencia o capacidades profesionales. |
| Blog | Publicar contenidos informativos de forma organizada. |
Estas categorías pueden combinarse.
Una web corporativa puede tener portfolio, blog o incluso tienda. La diferencia está en cuál es la función principal y cómo se organiza el conjunto.
Una arquitectura preparada para crecer
Una web corporativa debe pensarse como una estructura capaz de crecer, no como esa pared en la que se van acumulando cuadros uno tras otro, llenando cualquier hueco de cualquier manera.
Al principio quizá solo existan cuatro servicios. Después puede aparecer una nueva línea de negocio, otro tipo de cliente, varias zonas, un catálogo, casos de éxito o contenidos especializados.
Si la arquitectura se ha planteado bien, la web podrá crecer sin convertirse en un almacén.
Cuando se van abriendo páginas sin planificación suelen aparecer problemas:
- servicios mezclados o duplicados;
- menús demasiado largos;
- páginas que compiten entre sí en Google;
- contenidos repetidos;
- información difícil de actualizar;
- secciones importantes enterradas;
- enlaces internos colocados sin criterio;
- rediseños más caros porque hay que desmontar la estructura anterior.
Antes de diseñar conviene entender qué vende la empresa, cómo lo busca su cliente y qué caminos puede tomar el negocio en los próximos años.
Eso no significa adivinar el futuro. Significa dejar una base ordenada para no tener que abrir un agujero nuevo en la pared cada vez que aparece una idea.
Los textos forman parte del diseño
En muchas webs se elige primero una plantilla y después se intenta rellenar cada hueco con un texto de la longitud exacta que pide el diseño.
El proceso debería funcionar de una manera bastante más coordinada.
Los textos ayudan a decidir:
- qué páginas hacen falta;
- qué información es prioritaria;
- cómo se ordenan los servicios;
- cuánto espacio necesita cada explicación;
- qué títulos guían la lectura;
- dónde colocar llamadas a la acción;
- qué fotografías o recursos visuales acompañan el mensaje;
- cómo adaptar la maquetación a móvil.
El contenido no es el relleno que llega cuando la página ya está terminada. Es parte del material de construcción.
Somos arquitectos web y los textos también son material para estructurar, diseñar, maquetar, colocar y componer. Si levantamos primero todas las habitaciones y preguntamos al final qué debía ocurrir dentro, el problema no se arregla cambiando dos párrafos.
Por eso el copywriting y la redacción web deben trabajarse junto al diseño, aunque el nivel de intervención dependa de cada proyecto.
Un cliente puede aportar textos perfectamente válidos. Otro puede necesitar que se ordenen, se reescriban o se creen desde cero. Lo importante es que el contenido final explique el negocio y no suene como una colección de frases intercambiables.
Qué debe hacer una web corporativa actual
No necesita perseguir cada moda que aparece ni añadir una función solo porque otro competidor la tiene.
Sí debería cumplir bien una serie de tareas básicas:
- explicar con claridad qué hace la empresa;
- presentar los servicios de forma ordenada;
- mostrar experiencia y razones para confiar;
- funcionar correctamente en móvil;
- cargar con agilidad;
- facilitar el contacto;
- mantener sus datos actualizados;
- proteger formularios y accesos;
- contar con una base SEO coherente;
- poder ampliarse sin romper su estructura;
- ser mantenible por profesionales.
No hace falta llenar la página de animaciones, ventanas emergentes, contadores y elementos flotantes.
Una web profesional no se mide por cuántas cosas se mueven. Se mide por lo bien que ayuda a entender, confiar y actuar.
Una parte de tu empresa que debe quedar en buenas manos
La web corporativa no es un archivo que se entrega y se olvida.
Depende de dominio, alojamiento, correo, DNS, base de datos, copias, licencias, actualizaciones y distintos accesos.
Quien crea y gestiona la web puede terminar custodiando una parte importante de los activos digitales de la empresa.
Por eso importa conocer al profesional, preguntar y comprobar cómo trabaja.
En más de veinte años hemos visto negocios con dominios registrados en cuentas ajenas, webs borradas al caducar un alojamiento, correos perdidos y proveedores que dejaron de contestar cuando terminó el trabajo inicial.
INCIBE ha documentado incluso casos en los que una empresa perdió el acceso al dominio por una mala práctica de su proveedor. Puedes leer ese caso real sobre pérdida de control de un dominio.
Una web corporativa puede ser una parte muy valiosa del negocio. Debe estar en manos de profesionales que expliquen dónde se encuentra, cómo se protege, quién controla los accesos y qué ocurrirá si algún día termina la relación.
No es necesario desconfiar de todo el mundo ni convertir cada reunión en un interrogatorio.
Pero cualquier atisbo de opacidad sobre el dominio, el alojamiento, las copias o la posibilidad de trasladar la web merece una pregunta directa.
En nuestra guía sobre cómo pedir presupuesto para una web explicamos qué conviene preguntar antes de entregar esta parte del negocio a otra persona.
El SEO también forma parte de una web corporativa
Una web puede estar bien diseñada y seguir siendo difícil de encontrar.
El posicionamiento SEO ayuda a que los buscadores comprendan la estructura, los contenidos y la relación entre las distintas páginas. También ayuda a detectar qué busca el público y qué partes de la web responden mejor a esas necesidades.
Google explica en su guía básica de SEO que este trabajo facilita que los buscadores entiendan el contenido y que los usuarios encuentren el sitio y decidan si quieren visitarlo.
Eso empieza durante la creación de la web:
- arquitectura ordenada;
- URLs comprensibles;
- contenidos útiles;
- títulos bien trabajados;
- enlaces internos;
- velocidad;
- adaptación móvil;
- configuración técnica correcta.
Pero no termina el día de la publicación.
La competencia tampoco se queda quieta
Cuando una empresa deja la misma web quieta durante cinco años, la competencia no firma un acuerdo para quedarse quieta con ella.
Algunos rivales mejoran sus textos. Otros reorganizan los servicios, publican proyectos, consiguen reseñas, corrigen errores o crean páginas nuevas para responder a búsquedas que antes no habían trabajado.
También aparecen empresas que encargan una web completamente nueva con más tiempo, experiencia y presupuesto que la anterior.
Incluso pueden estudiar las páginas que ya funcionaban en el sector, aprender de sus aciertos y construir una versión mejorada.
Tu web no pierde calidad automáticamente por cumplir años. Pero sí puede perder terreno cuando otras empresas:
- explican mejor sus servicios;
- publican contenidos más completos;
- muestran más experiencia;
- presentan mejores fotografías;
- facilitan el contacto;
- mejoran la velocidad y el móvil;
- trabajan mejor la arquitectura;
- consiguen nuevas menciones y enlaces;
- detectan antes los cambios del mercado;
- invierten en SEO cuando antes no lo hacían.
Ese es uno de los trabajos del SEO: medir qué está ocurriendo, detectar dónde te están adelantando y mejorar antes de que la distancia sea mucho más cara de recuperar.
No avanzar no siempre significa conservar la posición. En un mercado donde los demás mejoran, quedarse quieto puede terminar siendo retroceder.
La propia empresa también cambia
Puede incorporar servicios, dejar de prestar otros, atender nuevos sectores, cambiar de zona, ampliar equipo o modificar su forma de trabajar.
Si la web no recoge esos cambios, deja de representar correctamente al negocio.
No todas las pymes necesitan una gran campaña mensual de SEO. Pero sí conviene revisar datos, medir resultados, actualizar páginas, corregir errores y aprovechar oportunidades cuando aparecen.
Una web corporativa no debería quedar abandonada después del estreno, como una oficina preciosa a la que nadie vuelve a entrar para limpiar, ordenar o cambiar el cartel de la puerta.
Cuánto cuesta una web corporativa profesional
En ideaWeb, una web corporativa profesional y estándar para un autónomo o una pequeña empresa suele situarse aproximadamente entre 900 y 1.200 euros más IVA.
Esta horquilla sirve como referencia para una web empresarial normal. No incluye proyectos con tienda online, áreas privadas, reservas complejas, múltiples idiomas, grandes catálogos, migraciones delicadas o desarrollos especiales.
El precio concreto depende de factores como:
- la estructura;
- el número y tipo de servicios;
- los textos disponibles;
- las fotografías y recursos gráficos;
- el diseño y la maquetación;
- la web anterior, cuando existe;
- las funciones necesarias;
- la preparación técnica y SEO;
- el soporte que necesite el proyecto.
No es una tarifa universal del sector. Es una referencia basada en nuestro modo de trabajar y en el tiempo necesario para preparar una página corporativa profesional, mantenible y construida con criterio.
Qué puede esconder una web demasiado barata
Encontrar una propuesta por debajo de esa horquilla no demuestra por sí solo que exista un problema.
Puede tratarse de una página muy pequeña, una promoción, un profesional que está empezando o un servicio con unos límites muy concretos.
La pregunta importante es otra:
¿Cómo se consigue ese precio y qué parte del trabajo no está incluida?
Planificar, redactar, diseñar, maquetar, configurar, revisar móvil, probar formularios y publicar una web requiere horas.
Cuando el precio parece insuficiente para cubrirlas, algo se ha reducido, eliminado o trasladado para después.
Una plantilla apenas adaptada
La web puede consistir en instalar un diseño prediseñado, cambiar el logotipo, sustituir algunos colores y rellenar los huecos.
Utilizar una plantilla no es malo. Puede ser una base estupenda.
El problema es presentar como diseño trabajado para el negocio algo que conserva decisiones pensadas para otra empresa y no ha recibido una adaptación real.
La copia de un proyecto anterior
También puede reutilizarse prácticamente la misma estructura, los mismos bloques y el mismo recorrido de otra web.
Eso ahorra tiempo, pero puede producir páginas intercambiables que no responden a la forma de vender de cada negocio.
Textos automáticos sin revisión
El precio puede no incluir entrevistas, documentación, redacción ni corrección.
El resultado suele estar lleno de frases genéricas sobre calidad, innovación, compromiso y soluciones personalizadas. Cambias el logotipo y el texto sigue sirviendo para una clínica, una constructora o una empresa de tornillos.
Fotografías de baja calidad o con origen dudoso
Pueden utilizarse imágenes encontradas en Internet, fotografías mal recortadas o archivos que no cuentan con una licencia clara.
Además del posible problema de derechos, una selección visual descuidada reduce la percepción de calidad del proyecto.
Plugins o licencias que dejan de funcionar
Una oferta barata puede utilizar software de procedencia dudosa, complementos modificados, claves compartidas sin autorización o licencias que desaparecen cuando el proveedor deja de pagarlas.
El problema suele aparecer meses después, al intentar actualizar o pedir soporte.
Sin copias de seguridad recuperables
Puede que nadie haya planteado una política de copias o que toda la seguridad dependa de una copia automática del propio alojamiento.
Una copia que nadie sabe localizar o restaurar sirve de poco cuando la web se rompe.
Dominio y alojamiento en cuentas ajenas
El proveedor puede contratar todo dentro de sus cuentas sin explicar quién es el titular ni cómo se trasladaría el proyecto.
La gestión delegada puede ser cómoda y perfectamente profesional. La opacidad no.
Sin soporte después de publicar
El precio puede cubrir únicamente la entrega.
Eso es válido cuando se explica. El problema aparece cuando el cliente cree que tendrá acompañamiento y descubre lo contrario al primer error, renovación o actualización.
Unas pocas horas presentadas como un proyecto completo
También hemos visto webs cobradas como proyectos profesionales que, en realidad, se habían preparado en unas pocas horas sobre una plantilla repetida.
El precio bajo no es el único que debe despertar preguntas. Una cifra alta tampoco demuestra por sí sola que exista un trabajo serio detrás.
Una web barata puede ser una solución honesta si sus límites están claros. El problema llega cuando se vende como proyecto profesional completo algo que solo da para instalar una plantilla, cambiar cuatro fotografías y salir corriendo antes de que aparezcan los problemas.
Las esquinas recortadas rara vez se ven el día de la entrega, cuando todo está recién estrenado.
Suelen aparecer después: cuando hay que actualizar, recuperar una copia, renovar una licencia, añadir una página, arreglar un formulario o trasladar la web a otro proveedor.
Ejemplo de una web corporativa para una pequeña empresa
Imaginemos una empresa de instalaciones que lleva años trabajando mediante recomendaciones.
Su web antigua tiene una portada, una página de contacto y una sección donde aparecen mezclados todos los servicios.
La empresa ha crecido, trabaja para particulares, comunidades y negocios, pero la página sigue hablando como cuando solo realizaba pequeñas reparaciones.
Una nueva web corporativa podría organizarse así:
- una página de inicio que explique la actividad actual;
- páginas independientes para los servicios principales;
- bloques adaptados a distintos tipos de cliente;
- una página de empresa que presente experiencia y forma de trabajar;
- trabajos o casos que demuestren capacidad;
- información clara sobre las zonas atendidas;
- un contacto visible y sencillo;
- una estructura preparada para añadir futuros servicios;
- una base SEO que facilite trabajar la visibilidad.
No necesita veinte animaciones ni una plataforma gigantesca.
Necesita que una persona llegue, entienda, confíe y sepa qué hacer después.
Una web corporativa debe acompañar al negocio
La web no tiene que estar terminada para siempre. Tiene que estar bien planteada para poder evolucionar.
Al principio puede presentar los servicios principales. Más adelante puede incorporar proyectos, contenidos, sectores, nuevas zonas o herramientas.
La diferencia está en si ese crecimiento se produce sobre una estructura pensada o mediante remiendos.
Una buena web corporativa no sustituye el trabajo comercial, la reputación, el servicio ni la atención al cliente.
Los refuerza.
Ayuda a que te encuentren, respalda lo que otros dicen sobre ti y ofrece un lugar fiable al que enviar a quien necesita más información.
Tu web corporativa debe representar el negocio que tienes hoy y estar preparada para el que quieres construir mañana.
En ideaWeb podemos ayudarte a ordenar servicios, preparar la arquitectura, trabajar los textos y diseñar una página profesional que no se limite a ocupar espacio en Internet.
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Preguntas frecuentes sobre webs corporativas
¿Qué es una web corporativa?
Es el sitio oficial de una empresa o profesional en Internet. Presenta el negocio, explica sus servicios, muestra experiencia y facilita que clientes y personas interesadas puedan contactar.
¿Una web corporativa es solo para grandes empresas?
No. Un autónomo, una pyme, una clínica, un despacho o cualquier negocio de servicios puede tener una web corporativa. El término describe su función, no el tamaño de la empresa.
¿Qué páginas debe tener una web corporativa?
Suele incluir inicio, empresa, servicios, contacto e información legal. También puede incorporar proyectos, sectores, zonas, contenidos o una tienda cuando el negocio lo necesita.
¿Qué diferencia hay entre una web corporativa y una tienda online?
La web corporativa se centra en presentar la empresa y sus servicios. La tienda online añade catálogo, carrito, pagos y gestión de pedidos. Una misma web puede combinar ambas funciones.
¿Una empresa necesita web si ya tiene redes sociales?
Las redes sociales pueden ayudar a difundir y atraer visitas, pero funcionan en plataformas de terceros. La web es el espacio propio donde la empresa controla su información, estructura y contacto con los clientes.
¿Cuánto cuesta una web corporativa profesional?
En ideaWeb, una web corporativa estándar suele situarse aproximadamente entre 900 y 1.200 euros más IVA. El precio cambia cuando hay tienda, idiomas, reservas, áreas privadas, migraciones o desarrollos especiales.
¿Una web corporativa necesita SEO?
Necesita al menos una base SEO bien preparada. Después conviene medir, actualizar y mejorar la web para responder a nuevas búsquedas y mantener su competitividad frente a otras empresas.
¿Cómo sé si una web barata es una buena opción?
Pregunta qué incluye, cuántas horas de trabajo se dedicarán, quién aporta los textos, qué licencias se utilizan, dónde estarán el dominio y el alojamiento, si hay copias y qué soporte tendrás después.
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